Poesía | Dos poemas
Dos poemas de la angustia, sí,
para llegar a Dios.
para llegar a Dios.
Soy la fuente,
de la que brota sal y barro,
la raíz del musgo y la muerte del carbón,
encendido en la pira de la llaga,
de los rezos en la cúpula de la hoguera,
silenciados por el abandono de la fe,
enterrada entre calcio y salitre,
donde Atlas perdió el mundo
y Prometeo apagó la llama.
Soy la fuente, no la palabra.
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Soy tus fauces,
tu grito milenario en tierras sagradas,
me has descendido al infierno
para abandonarme entre nogales y abedules,
envuelto en seda judía y restos cristianos,
me has dejado entre las llamas de razón y desprecio,
enterrandome entre hoplitas y romanos;
soy tu ira,
el látigo de la lengua,
la flama que nunca se apaga desde los días de Ur,
¿por qué me has dejado, vida mía,
entre compendios morales y arrojos éticos?;
rezo, te miro desde el suelo,
desde donde te arrojaron mitos como verdades
y te clavaron tres sueños de sangre;
soy tu verdad,
el reflejo de tu ausencia entre mantos pálidos
de erudición y olvido.
¿Por qué me has abandonado de tu pecho,
sangre humana, manantial de esperanza?
Soy tu muerte;
herencia finita,
coloso de hierro.
Que tus espinas se claven en mi corazón,
olvidado y ultrajado por tu partida.
© 2026 Enrique Monroy
Poema escrito el 6 de marzo de 2026, originalmente publicado en Facebook.
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