Cuento | Todo sucede




Atraviesan el campo verde y crecido cuando las primeras gotas comienzan a caer. Echan a correr tomadas de la mano hacia un vagón de tren que había sido abandonado por el gobierno federal cuando el sindicato y la compañía de trenes quebraron. Suben riendo y escogen algunos asientos al azar, se recuestan en ellos. El golpeteo de la lluvia contra el metal es fuerte y constante. Sus risas se diluyen. Miran llover en silencio.

Adriana saca de su bolsillo un sobre pequeño con mariguana, se levanta y busca en el maletero un libro, ‘Campos de Londres’ de Martin Amis. Lo hojea y encuentra entre las páginas un par de papelitos que Carlos le regaló días atrás. Los toma, se dirige hasta donde está recostada Bibi. Con cuidado, Adriana hace un par de cigarrillos y les prende fuego. Se quedan calladas mientras fuman.

—¿Con quién la conseguiste? —dice Bibi.
—Con Carlos, ya anda metido en esa mierda —dice Adriana.
—Pues está muy buena, la verdad.

Adriana asienta y fuma.

Miran llover, el cielo tiene un aspecto enfurecido, observan como la violencia de la lluvia cercena las cabezas de varias docenas de rosas, malvas, margaritas, jaras blancas, azulejos. Se conmueven.

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© 2004 Enrique Monroy
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