Cuento | Sukky
El sol nos golpeaba directo. Hacía un poco de calor. Veíamos los autos pasar por Álvaro Obregón, uno tras otro. Sukky leía el poema que le había escrito en una hoja arrancada de una de mis libretas. Lo leyó y frunció el ceño; miró al cielo y volvió a leerlo.
—No sé, Enrique. Quisiera tomar un café, ¿te parece?
Aquel poema era un soneto que había compuesto entre clases, mientras esperaba encontrarme con sus ojos en los distintos momentos de las mañanas. Escribirlo me costó demasiado; tuve que pensar en su sonrisa; sus lentes de armazón negro; recordar aquella tarde de lluvia cuando me dio un par de pastillas de miel para la garganta tras visitar la Feria del Libro en el MUNAL, o en aquellas noches largas al teléfono hablando de todo eso que no podíamos decirnos en la escuela.
© 2004 Enrique Monroy
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