Poesía | Dos poemas
Dos poemas de la angustia, sí, para llegar a Dios. Soy la fuente, de la que brota sal y barro, la raíz del musgo y la muerte del carbón, encendido en la pira de la llaga, de los rezos en la cúpula de la hoguera, silenciados por el abandono de la fe, enterrada entre calcio y salitre, donde Atlas perdió el mundo y Prometeo apagó la llama. Soy la fuente, no la palabra. --- Soy tus fauces, tu grito milenario en tierras sagradas, me has descendido al infierno para abandonarme entre nogales y abedules, envuelto en seda judía y restos cristianos, me has dejado entre las llamas de razón y desprecio, enterrandome entre hoplitas y romanos; soy tu ira, el látigo de la lengua, la flama que nunca se apaga desde los días de Ur, ¿por qué me has dejado, vida mía, entre compendios morales y arrojos éticos?; rezo, te miro desde el suelo, desde donde te arrojaron mitos como verdades y te clavaron tres sueños de sangre; soy tu verdad, el reflejo de tu ausencia entre mantos pálidos de erudición ...



